The end

Aunque digan que no, odiar y sentirse odiado da placer. Analizar el actuar del otro, tenerle cada vez más bronca, saber que no te aguanta y vos aguantarlo menos y que se convierta en una guerra de "quién tiene más ganas de matar al otro"... No me vengan con la paz y esas giladas. Eso es así. Lo disfrutamos. Nos gusta sentir extremamente. Así como amamos amar y ser amados, y queremos demostrarlo y sentir que el otro nos lo quiere hacer saber.
Pero así como amar sin ser amado es horrible, odiar sin ser odiado, también. Pero de lo que yo quiero hablar ahora, es de cuando no te quieren y vos sí. Cuando sabés del rechazo que tiene otro hacia vos pero vos no podés hacer más que quererlo con el alma. Que te esforzás por odiarlo y maldecirlo pero sólo te dan ganas de sonreirle. De abrazarlo. De decirle cuánto lo querés.
Hay veces que ya no se puede hacer nada. Que hay que callarse la boca y esperar. No depende de vos esta vez. Depende del otro. De que vuelva a abrirte los brazos para volver a contenerte cuando llorás y hacerte reir en tus mejores días. Acá sigue la misma. Te espero.

No estoy muerta, sólo me aburrí

Me aburrí de pensar y de escribir lo que pienso.
Yo soy simple, pienso, luego escribo. Como ya no pienso, no escribo. Bueno, sí, sigo pensando tanto pero me lo niego y no lo escribo. Así sólo queda documentado en mi cabeza, que, por suerte, me traiciona y me hace creer que ya no pensaba más y simplemente vivía y sonreía.
Vivo, sonrío, pienso y escribo. Al final, siempre la misma. Y claro.