No, amar no dejó de ser imaginar. Imaginar sigue significando amar igual que hace unos meses, un año, una eternidad. Simplemente que yo me olvidé de soñar.
Sí, no sólo que no amo, si no que tampoco hago lo que por defecto significa lo mismo. Ya de tratar de amar me rendí, pero de soñar no. Podía. Me salía. Me surgía. Hasta hace un tiempo. Tengo fé de que capaz el amor esté tan cerca que no valga la pena seguir deseando porque está llegando él, real, por fin. Por fin, capaz, deje de ser un mito, un cuento, una escucha, y se convierta en algo concreto y sentible. Palabra que invento pero que deberían todos implementar en sus vidas.
Amen.