Amar borracho es imaginar borracho

Amar es imaginar, digo con seguridad. ¿Imaginar es amar entonces? Se puede imaginar sin amar. Pero el amar siempre es imaginar. Siempre que no ames realmente, claro. Como ahora. Que lo que amo es imaginación. Que amar para mí es igual que imaginar. Que en realidad no amo y me digo que amar es imaginar para no sentirme tan vacía y tan sin-experiencia de semejante sentimiento. Es que no, no te amo. Amo la noche, el alcohol, las cenizas de los cigarrillos terminados, el fuego del encendedor, el olor a humo, el calor del boliche, el gusto a alcohol en tu boca, las ganas de sentirte otra vez, las estrellas saludandome, el sol al día siguiente para recordarme que otra vez me equivoqué. Eso que odio es eso mismo que amo. Esa imaginación de lo que debería y podría ser, de lo que se supone que tan bien nos haría. Amo y odio imaginar, amo y odio amar. Y si amar es imaginar, odio imaginar, odio amar, amo amar, y amo imaginar.