Hasta llora y se muestra así. Y la gente se lo cree y lo avala, y él aparece como un ser pensante y que considera a todos, y que no puede soportar la ignorancia. Todos lo abrazan y le ruegan que se tranquilice, y él lo hace, se quedó tranquilo. Por un lado, dentro del personaje, está contento, lo convencieron, aquellos que no saben valorar que se pudran. Pero, la conformidad pasa por lo que es externo al personaje, lo que compete al ser verdadero y no al personaje que creó y también creyó.
Es que, obvio que todos van a avalarlo, y compartir su opinión. Es como un personaje general, uno que a todos les cae bien, uno que todos toman, uno que está de moda y cae simpático. Y sí, están los que quedan afuera, los que queda(mos) afuera solo por el placer de contradecir, los que quedan afuera solamente porque no piensan así (tal como los que hacen el personaje, sólo que éstos no sienten la necesidad de ocultar su verdadero pensar), y los que no les importa y no me meten. Los que, como yo, nos dedicamos a oponernos permanentemente, solemos perder nuestra vida sin jamás haber tenido un pensamiento al respecto. Pero, aprendí, que es algo que no puedo evitar.
Al final la revolucionaria soy yo. Los otros son una masa, son todos, son la mayoría. ¿Y yo? Sola. Sola y contenta con mi cabeza y con lo que digo.