Es que está sensible y por ende quiere escuchar melodías que la sensibilicen más. Siempre dijo adorar los extremos más que a nada en el mundo, y cree que lo que le está pasando sumado a un par de notas musicales lindamente coordinadas, las cual ya sabe que le generan algo, podrán hacerla llegar a los extremos que busca.
El problema (es que siempre hay uno) es que, como le pasa con todo, siempre quiere más, más, más, y al querer seguir buscando donde tal vez ya no hay más nada por encontrar termina encontrando la mediocridad en las cosas, como le pasó anoche, y hace una semana, y hace dos.
Por ende, debería aprender, que los extremos no existen, que los límites no son líneas, si no que son imperceptibles, que siempre hay un límite más allá, hasta que ya no hay nada, pero no podemos divisar cuándo es que terminó. Pero nos pasamos. Eso sí.
Eso hace ella, pasarse todo el tiempo, neutralizando lo bueno y lo malo, llevando todo siempre a un punto medio. Para un ser equilibrado esto sería mágico. Para ella, en cambio, vivir así es casi igual que estar en el infierno.