Y entro y me envuelve, y qué bueno que me envuelva, porque me saca de todo eso otro que no me gusta que en realidad es la realidad, valga la redundancia. Entonces me absorbe, y qué bueno que me absorba. Paso un rato y me lo creo, y mi realidad dejó de ser mi realidad y pasó a ser otra. Pero al cabo de unos minutos, el tiempo se encarga de hacerme volver, de desenvolverme, de expulsarme, de devolverme. Se revierte el proceso.
Entonces tengo que volver a asumir algo que no quiero, después de pretender trasladar aquella otra cosa a la realidad real. Es divertido un rato, después me aburro, después sufro y después me doy cuenta que son todas mentiras. Y de que es un ciclo más en mi vida. Y de que estoy harta de que me mientan, de que nos mientan, de que critiquen algo y no hacen menos que hacer exacta y precisamente lo mismo, aunque de manera simpática y sutil.