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Un golpe, un empujón, una luz inmensa, un ruido muy fuerte, un grito insoportable. Lo que sea: un aviso inesperado, inoportuno, e intolerable también. Increíble, imposible pero posible. Más allá de eso, algo está pasando, y como todo aviso, como todo mensaje, tiene un emisor (algo difuso y alterado), y un receptor, que soy yo, que sos vos, y que somos todos.
Somos receptores muy malos, nos gusta distorsionar el mensaje, queremos esquivar la responsabilidad que nos depositaría si interpretáramos el mensaje de manera correcta. Acaba de decir mamá "hay que disfrutar de todo, cada día como si fuera el último, olvidarse de las boludeces y nutrirse de las cosas buenas". Muy típico y básico, todos lo sabemos, lo decimos, lo repetimos, ¿lo implementamos? No decodifiquemos el mensaje! Que en paz descanse, pero que ésto y que todo lo que pase nos sirva para aprender. La vida se puede ir en un segundo, muchachos. Un segundo basta para eso, y puede pasarnos a todos. Tratemos de olvidar las negativas -que a veces somos nosotros los propios creadores, somos buscadores de mambos profesionales- y que nos rieguen las cosas bellas, las PEQUEÑAS cosas bellas que en realidad son más grandes y más fuertes que todas. Eso es la vida, eso es lo que vale, eso es lo que tiene sentido.