Prendé la luz

Te miraste al espejo y no te gustó lo que viste. Notaste que habías cambiado, que ya no estabas rodeado de afectos puros si no que había muchas mentiras, mucha envidia, muchos sentimientos oscuros que jamás pensaste que tendrías tan cerca. Primero no te reconociste; no te quisiste ver; te dijiste "éste no soy yo". Un rato después no pudiste ocultarlo más y te aceptaste. Me acuerdo muy bien haberte escuchado decir "sí, estoy solo, me rindo". También me acuerdo cuando decidiste remontar y fuiste solucionando todo eso que no te gustaba del ser en quien te habías convertido. Solucionaste algunas cosas. Muchas no. Pero sí te volviste a rodear de ambientes de muchos colores y sonidos y tonos y texturas. Otra vez estabas feliz.
Pero lo oscuro se encargó de volver, y ahora te sentís muy solo de vuelta. Otra vez el espejo te devuelve una imágen que no querés ver. Hasta hoy te tapabas los ojos, pero te diste cuenta que negarlo es todavía peor. Aunque, esta vez no tenés tantas ganas de solucionarlo.