Tapo penas con sonrisas, siempre, como religión. Diría que lo elijo, pero simplemente es un mecanismo inconsciente e involuntario, del cual en realidad sí soy consciente. Me sirve para defenderme de todo eso que no me gusta, para llenar lo que me está faltando, para olvidarme de lo que me pone en negativo y multiplicar aquellas cositas que son buenas.
Tal vez algún día las penas salgan y por el lado incorrecto, así como la basura termina saliendo por cualquier lugar cuando Homero implementa su sistema en Springfield. Pero así me sale, así hago. Y, aunque las sonrisas estén tapando otras cosas, son sonrisas ciertas. Son risas y sonrisas, gritos y charlas, y esbozos de lo más lindo que hay. Lo otro ya saldrá. Siempre me acuerdo de lo que me dijo mamá: "no te preocupes por adelantado, si algo te va a hacer mal, ya tendrás tiempo de llorarlo en su momento". Bendita tu filosofía.