Jamás quiso ser de esas personas que preferían taparse los ojos antes que ver la realidad. Siempre se imaginó mirarse al espejo y ver a un ser que iba con la verdad, que quería sólo la verdad, y aunque ésta no le gustase, la afrontaría, intentaría cambiarla, derrumbaría lo que fuera necesario derrumbar para que eso que no le gustaba, se convirtiera en algo agradable de ver, o al menos soportable.
Pero de repente se encontró con realidades incambiables, con situaciones sumamente desagradables y negativas, las cuales la destruían, la lastimaban. Por un lado, por el suceso en sí, y por otro, porque sea evidente que algo malo estaba pasando y ella se quedaba sentada escribiendo en un blog el cual nadie quería leer.
Entonces optó por la decisión más cobarde, esa que jamás había querido tener que elegir. Decidió desentenderse de todo eso que la hacía mal. No verlo, no escucharlo, que nadie se lo contara. Rogar a las personas que recuerden olvidarse de contarle. Aunque suene extraño.
Y funciona, "no hay peor ciego que el que no quiere ver", se dice, le dicen, lee y escucha. Será muy ciega pero está muy feliz en eso que no sabe. Los otros se destruyen y ella no lo sabe. Así puede quererlos como siempre, sin alteraciones. Total, ella no es nadie para salvarlos en su camino a lo que no se sabe qué es pero, sin duda, es malo.