De izquierda a derecha

Arriba, abajo, muy arriba, un poco más abajo, y todavía más abajo, y de repente en lo más alto. No hablo de un avión de esos que hacen piruetas en la playa y la gente queda boquiabierta. Aunque podrían quedar boquiabiertos si comprendieran los malabares y las volteretas que da mi humor en el tramo de unos pocos minutos.
Lo bueno de todo ésto es que, cuando después de ir y venir mil millones de veces, estoy en lo más bajo, la forma de subir en un segundo es simple: me río de los cambios constantes, permanentes, invariables, seguidos, eternos, infinitos.