Fuiste sólo aquel terrible ensayo de lo que hubiera sido una dulce perdición. Ahora sólo te perdiste. Te perdiste sin haber llegado a. Te perdiste en las ganas, en el "¿qué puede ser?", en las ilusiones, en las preguntas de cómo serán los besos sobrios. Los besos borrachos van y vienen, fueron y vinieron, se escaparon de mis labios y se colaron en los tuyos. O quizás al revés. Si lo recordara, no los llamaría como los llamo.
Pero quizás fui yo la que me perdí. Poco a poco, con suspicacias, segura de un sí, tan segura, que me ansié, corrí, grité, fui obvia y me caí. Me choqué contra la pared y me caí. Ahora sólo me quedan las preguntas. Las de siempre. ¿Y si hubiera actuado diferente? ¿Si le ganaba a mi ansiedad y esperaba la actuación ajena en vez de creer que siempre el sujeto de la oración tengo que ser yo?
Desde hace un tiempo actuar así directamente no va conmigo. Me volví un ser más ansioso que el que solía ser, un ser que no puede esperar, que no puede quedarse con la intriga y necesita actuar, necesita un no o un sí que no se haga esperar, necesita la respuesta en ese mismo momento.
Y además de las preguntas, tengo una certeza: las preguntas me están volviendo loca. Y no puedo dejar la permanente idea de que si hubiera sido de otra forma esto no se estaría dando así. Algo, que todavía no puedo llegar a distinguir, me repite todo el tiempo, día y noche, que yo solita fui la que arruiné todo.
Sí, ésta vez la culpa es mía.