Primero la negación, después la aceptación y decir: ya no me va a pasar más nada. Pasan los días y el sentimiento se esfuma, otro lo reemplaza, otro lo hace sentir muy, muy poco, hasta desvanecerse. Cuando ese otro desaparece, o se quiere esquivar, el hablado sentimiento resurge. Por obligación, por fuerza, por pretención. Renace de otra forma. Sólo como deseos. Como ganas de hacer notar que es algo pasado.
Entonces pasa lo mismo que siempre, excepto que no hay lágrimas, excepto que nadie sufre, excepto que se tapan muchas cosas que quizás estén por algún lado. Pero, podría ser también, que no estén por ninguno, que hayan desaparecido, que realmente se hayan percatado de que no tenían razón alguna de ser.
Estas entradas madrugueras, de cuando llego de salir, son lo mejor. Hoy, por ejemplo, son las 5:49 de la matina exactamente.