Escribir: acción de atar y desatar. Eso en mi diccionario interno. En el verdadero no me importa. ¿Qué puede ser más verdad que lo que pasa adentro de uno?
Ato palabras y me desato a mí. Me escapo por los dedos, me dejo fluir. Recién cuando pongo el punto final puedo respirar del todo profundo.
Si esta cuestión de escribir fuera un cuento, lo caracterizaría como maravilloso. Todo se ambientó con esto tan gloriosamente sobrenatural. Ya estoy acostumbrada a esa magia de cuando escribo. No por los resultados, no porque me sienta un hada ni crea en los duendes. Si no porque es como si una varita mágica se posara sobre mí y me liberara en un segundo.