Y de repente, el nudo, el ahogo, el "si hablo te cago a puteadas y me haría bien pero no nos conviene". El alejamiento, el silencio, la cueva, la nada. Un rato después: las lágrimas, el alivio. De a poquito, respirar más puro, respirar en serio.
Las lágrimas son inteligentes. Mucho más que cualquiera. Sólo ellas sabe desatar el nudo de garganta. No sé por qué la gente las ningunea, las esconde, las evita. Y en mí están saliendo cada vez más seguido (parece que ésta vez sí vienen tiempos complicados).