Con garras y dientes se agarran y no se endienten. Digo entienden. Pero no se entienden.
Dicen cosas totalmente opuestas. Sís y nos. Mi consciente suele decir no, y el inconsciente dice que sí. En eso consiste la eterna lucha. El consciente suele ser lo que debo, y el inconsciente lo que quiero. Generalmente termino diciendo que sí, termino haciendo lo que quiero, termino permitiendo que mi inconsciente se devore a mi consciente. Así la paso mejor.
Y después, cuando el consciente renace, emerge, predomina otra vez, me tortura.
Si pudiera pedir un deseo y tuviera la certeza de que se cumpliría, pediría que mi inconsciente predomine toda mi vida. Mi inconsciencia sería consciencia, pero toda la información y las decisiones serían inconscientes. No me daría cuenta de que sería inconsciente. Haría lo que quisiera sin culpa alguna.
Tal vez, todo es al revés, o por ahí Freud flasheó banda y no hay inconsciente y consciente, sólo ideas contrapuestas que lo único que quieren es convivir en paz, pero sus propias existencias tan contrarias les impide su propia voluntad.